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SUEÑO MUSICAL

Publicado en el periódico La Nación 15 de diciembre del 2004

La música es la entretención por excelencia, es el arte que podemos disfrutar, aun cuando realicemos otras actividades, y se ha convertido en una necesidad humana a través de la historia.


En la lista de personajes importantes de la historia moderna, que encabeza Jesucristo, Beethoven ocupa el segundo lugar.


Al ser un arte tan popular, nos encontramos con gran variedad de géneros que el oyente se encarga de enmarcar de acuerdo con sus sensibilidades, actividades, necesidades o conocimientos.


Como pianista, he observado la felicidad de una abuelita al escuchar un tango, la camaradería de un grupo de ejecutivos al son del bossa-nova, una pareja romántica a quienes la magia de un bolero los transportó por momentos a otro planeta, un grupo de jóvenes que exclama: "¡Mirá, el piano es unplugged (funciona sin electricidad)!", todos entremezclados con gentes de otras latitudes que visitan Costa Rica y solicitan la interpretación de algunas golden oldies (canciones de ayer).

Con el pasar de los años, nuevos ritmos y melodías comienzan a construir historia y es cuando sentimos que el tiempo nos alcanza, pero estoy seguro de que este maravilloso instrumento de 88 teclas, que dio sus primeros pasos en Italia, por allá en 1695, se mantendrá como el vino y el ajedrez, en primera línea y al servicio de las nuevas generaciones.


Se busca a un arquitecto para diseñar, a un médico para sanar, a un abogado para defender, a un pianista. ¿a un pianista? ¿Qué hace un pianista? Un pianista es arquitecto, lo ubica a uno por momentos, que parecen siglos, en el espacio; es médico, lo cura del alma; y defiende, como el mejor abogado, que valió la pena haber pertenecido a determinada generación.


Aquí todo es globalizado, no importa de dónde vino o quién tuvo razón, si el vals peruano o la zamba, si Serrat o Manzanero, si el tema musical de una película o los Beatles.

Si esto le suena irreal, trate de expresar qué siente al escuchar algunas de estas melodías: Yesterday, Reloj, Mediterráneo, Farolito o el tema de Titanic.


Muchas veces, al leer sobre historia, aparecen personajes con los cuales soñamos, a quienes hubiésemos querido conocer y dialogar con ellos, en particular porque materializan, con su forma de ser, el ideal de una profesión.


En una reciente visita a Nueva Orleans, la ciudad de la música, fui invitado al Neutral Ground Coffehouse, un jazz café, a escuchar a un renombrado pianista: Phill Melançon. Me advirtieron de que en ese lugar no servían licor, solo café, pero que la actividad artística era notable.


Símbolo del sentimiento. Llegamos un poco antes de la apertura y ahí estaba él, sentado al piano, esbelto, cabello blanco, con una sonrisa magnética que invitaba al deleite y a la alegría, interpretaba blues intercalados con un tono de voz muy especial; era el símbolo del sentimiento, de lo que debe ser el arte de la música en vivo.


Al poco tiempo, como buen anfitrión, se dirigió al público, se presentó y, al darse cuenta de que éramos colegas, me invito al piano. Cuando me di cuenta tocábamos, a cuatro manos, I Left my Heart in San Francisco, como si lo hubiésemos ensayado juntos tiempo atrás; para mí fue muy emotivo.


Dos días después, tenía lugar una de mis presentaciones en el Plimsoll Club del New Orleans World Trade Center, en un homenaje que el cuerpo consular de Nueva Orleans le ofrecía al señor Gonzalo Calderón, cónsul general de Costa Rica, y, ¡sorpresa!, el otro pianista era nada más y nada menos que Phill Melançon, quien me recibió con un abrazo.


Diplomáticos de Colombia, Chile, EE. UU., Grecia y Panamá, entre otros, llegaron paulatinamente al salón. La inevitable nerviosidad hacía acto de presencia. Comencé con música de Costa Rica, Colombia y Chile; Phill con Star Dust (Polvo de estrellas) y My Way. No sé en que momento, aplauso tras aplauso, los invitados rodeaban el piano y el tiempo pasó volando; para cerrar tocamos y cantamos juntos New York, New York.


Éxito rotundo. Posteriormente, Phill y yo conversábamos sobre diferentes temas musicales, y una de interrogantes que revoloteaba en mis pensamientos era por qué solo vendía café en su negocio, a lo que me respondió: "El éxito de mi café se debe a que es un lugar donde los adolescentes, jóvenes y otras personas pueden mostrar sus condiciones artísticas sin ninguna presión, en horas tempranas y en un ambiente donde mucha gente de su edad pueda venir a escucharlos".

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